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El tiempo de pantallas antes de los dos años se asocia con maduración cerebral acelerada y más ansiedad en la adolescencia, según un estudio de más de una década

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Un estudio de Singapur, que siguió a 168 niños durante más de una década, encontró que mayor tiempo de pantallas antes de los dos años se asoció con una maduración acelerada de redes cerebrales de visión y control cognitivo, decisiones más lentas a los 8.5 años, y mayor ansiedad a los 13. El trabajo, publicado en eBioMedicine, usó datos de la cohorte GUSTO (Huang et al., eBioMedicine, 2025).

¿Qué encontró el estudio sobre pantallas en la primera infancia?

El estudio encontró que el tiempo de pantallas antes de los dos años se asoció con una maduración más rápida de las redes cerebrales de visión y control cognitivo, lo que a su vez se relacionó con decisiones más lentas en una prueba cognitiva a los 8.5 años, y con mayores síntomas de ansiedad a los 13 años. El tiempo de pantallas medido a los tres o cuatro años no mostró el mismo patrón, lo que sugiere que la infancia temprana es una etapa especialmente sensible.

Ficha técnica del estudio

  • Qué investigó: si el tiempo de pantallas en la infancia temprana se relaciona con cambios en el desarrollo de redes cerebrales, con el desempeño en tareas de toma de decisiones, y con síntomas de ansiedad en la adolescencia.
  • Quién lo hizo: equipo liderado por la Dra. Huang Pei (primera autora) y la profesora asistente Tan Ai Peng, del ASTAR Institute for Human Development and Potential (ASTAR IHDP) y la Facultad de Medicina Yong Loo Lin de la Universidad Nacional de Singapur (NUS).
  • Publicado en: eBioMedicine (revista de la familia The Lancet), diciembre de 2025, revista revisada por pares.
  • Tipo de estudio: cohorte longitudinal prospectiva, con datos de la cohorte GUSTO (Growing Up in Singapore Towards Healthy Outcomes), y modelos de ecuaciones estructurales para analizar las trayectorias de desarrollo.
  • Muestra: 168 niños con datos de tiempo de pantallas en la infancia (1 a 2 años), resonancia magnética de difusión (4.5 a 7.5 años), desempeño en una tarea de toma de decisiones a los 8.5 años, y síntomas de ansiedad medidos a los 13 años.
  • Duración: seguimiento de más de una década, con mediciones en múltiples momentos a lo largo de la infancia y la adolescencia temprana.
  • Financiamiento: el estudio se enmarca en la cohorte GUSTO, financiada por instituciones públicas de investigación en Singapur, incluyendo A*STAR.
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Qué encontraron los investigadores

Los niños con mayor exposición a pantallas antes de los dos años mostraron una maduración acelerada de las redes cerebrales responsables del procesamiento visual y el control cognitivo. Los investigadores sugieren que esto podría deberse a la estimulación sensorial intensa que ofrecen las pantallas.

La maduración rápida tuvo un costo

Los niños con este patrón de desarrollo acelerado tomaron decisiones de forma más lenta durante una prueba cognitiva a los 8.5 años, la Cambridge Gambling Task. Según explicó la Dra. Huang Pei, primera autora del estudio, la maduración acelerada ocurre cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, antes de formar las conexiones eficientes necesarias para el pensamiento complejo, lo que puede limitar la flexibilidad cognitiva más adelante.

La lentitud cognitiva se relacionó con más ansiedad en la adolescencia

Quienes mostraron decisiones más lentas a los 8.5 años reportaron más síntomas de ansiedad a los 13 años, medidos con una escala validada. Este hallazgo traza una posible vía biológica que conecta la exposición temprana a pantallas con la salud mental en la adolescencia, algo que estudios anteriores no habían podido mapear con este nivel de detalle.

Cómo se hizo el estudio, en términos simples

Los investigadores usaron datos de la cohorte GUSTO, un estudio de seguimiento a largo plazo de niños en Singapur. Combinaron reportes del tiempo de pantallas entre el primer y segundo año de vida, imágenes de resonancia magnética de difusión tomadas en varios momentos entre los 4.5 y 7.5 años para mapear el desarrollo de las redes cerebrales, una prueba de toma de decisiones a los 8.5 años, y una evaluación de síntomas de ansiedad a los 13 años.

Con esta información, aplicaron modelos estadísticos de ecuaciones estructurales para trazar una posible cadena de eventos: de la exposición a pantallas en la infancia, al desarrollo cerebral, a la toma de decisiones, y finalmente a la ansiedad adolescente. Es importante notar que este diseño identifica asociaciones estadísticas a lo largo del tiempo, no un experimento donde se asignó aleatoriamente el tiempo de pantallas a cada niño.

Qué significa esto para el lector

Este hallazgo no significa que cualquier exposición a pantallas antes de los dos años cause daño irreversible. Significa que existe una asociación estadística, documentada durante más de una década de seguimiento, entre mayor tiempo de pantallas en esta etapa específica y un patrón de desarrollo cerebral que se relacionó con más ansiedad años después.

El hallazgo de que el tiempo de pantallas a los tres o cuatro años no mostró el mismo patrón es relevante: sugiere que no toda exposición a pantallas en la niñez tiene el mismo peso, y que los primeros dos años podrían ser una ventana de especial sensibilidad para el desarrollo cerebral.

Cómo se compara con investigación previa

Estudios anteriores ya habían asociado el tiempo de pantallas en la primera infancia con distintos resultados de desarrollo, pero pocos habían logrado seguir a los mismos niños durante más de una década, combinando imágenes cerebrales objetivas con evaluaciones conductuales y de salud mental en la adolescencia. Este es, según los propios autores, el primer trabajo que incorpora mediciones a lo largo de más de diez años para mapear esta posible vía biológica específica.

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Limitaciones del estudio

La muestra fue de 168 niños, un tamaño moderado para un estudio con tantos puntos de medición a lo largo del tiempo, lo que limita la capacidad de generalizar los hallazgos a poblaciones con características muy distintas a la cohorte de Singapur estudiada.

Al ser un estudio observacional y longitudinal, no experimental, no puede descartarse por completo que otros factores del entorno familiar, no medidos directamente en este trabajo, influyan tanto en el tiempo de pantallas como en el desarrollo cerebral y la ansiedad posterior. Los propios investigadores destacan, sin embargo, que la lectura compartida entre padres e hijos apareció como un posible factor protector, lo que sugiere que el contexto familiar alrededor del uso de pantallas también importa.

Qué falta por investigar

Los autores señalan la necesidad de estudios adicionales que examinen qué tipo de contenido específico se consumía durante ese tiempo de pantalla, ya que este trabajo midió tiempo total, sin distinguir entre contenido educativo y entretenimiento pasivo. También queda pendiente investigar si intervenciones tempranas, como la lectura compartida u otras formas de interacción activa, pueden modificar esta trayectoria de desarrollo una vez que ya existió exposición temprana a pantallas.

La infancia temprana, una ventana de especial sensibilidad

Este estudio aporta evidencia longitudinal poco común sobre cómo la exposición a pantallas en los primeros dos años de vida podría relacionarse con el desarrollo cerebral y la salud mental años después. El hallazgo de que la lectura compartida apareció como factor protector ofrece una vía concreta y accionable para las familias, más allá de simplemente restringir el tiempo de pantalla.

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Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la consulta con un pediatra o especialista en desarrollo infantil. Si tienes dudas sobre el uso de pantallas en tu hijo o hija, consulta a un profesional de salud.

Preguntas frecuentes sobre este estudio

¿Cuántos niños participaron en este estudio?

168 niños de la cohorte GUSTO en Singapur, seguidos desde la infancia hasta los 13 años, con mediciones de tiempo de pantallas, resonancia magnética cerebral, toma de decisiones y ansiedad.

¿El tiempo de pantallas causa ansiedad directamente?

El estudio encontró una asociación estadística a través de una posible vía biológica, no una prueba experimental de causalidad directa. Al ser un estudio observacional, no puede descartarse la influencia de otros factores no medidos.

¿Por qué antes de los dos años específicamente?

El tiempo de pantallas medido a los tres o cuatro años no mostró el mismo patrón de asociación, lo que sugiere que los primeros dos años son una etapa de particular sensibilidad para el desarrollo de las redes cerebrales estudiadas.

¿Qué es la maduración cerebral acelerada?

Ocurre cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan más rápido de lo habitual, antes de formar las conexiones eficientes necesarias para el pensamiento complejo, lo que según los investigadores podría limitar la flexibilidad cognitiva más adelante.

¿Existe algún factor protector identificado en el estudio?

Sí. Los investigadores destacan la lectura compartida entre padres e hijos como un posible factor protector, aunque este hallazgo requiere más investigación específica para confirmarse.

¿Este estudio distingue entre tipos de contenido en pantalla?

No. El estudio midió tiempo total de pantalla, sin diferenciar entre contenido educativo y entretenimiento pasivo. Los autores señalan esto como un área importante para investigación futura.

¿Qué deberían hacer los padres con este hallazgo?

El estudio no ofrece recomendaciones prescriptivas específicas de tiempo, pero refuerza la relevancia de limitar el tiempo de pantalla en los primeros dos años y de priorizar la interacción activa, como la lectura compartida, durante esta etapa.

Fuentes citadas

  1. Huang, P. et al. — Neurobehavioural links from infant screen time to anxiety, eBioMedicine (2025)
  2. ASTAR / EurekAlert! — Too much screen time too soon? ASTAR study links infant screen exposure to brain changes and teen anxiety
Editorial CyA
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